Los pulpos son daltónicos. Sus ojos solo tienen un tipo de fotorreceptor — no tres como los nuestros, no cuatro como los pájaros: uno. Por eso se creía que vivían en un mundo sin color. Pero se camuflan en arrecifes de coral con una precisión que no tiene explicación sin alguna forma de percepción cromática.
La hipótesis más sólida es que la piel percibe directamente la luz. Tienen cromatóforos en toda la superficie del cuerpo — células que no solo generan color sino que, en algunos cefalópodos, contienen opsinas: las mismas proteínas que hacen funcionar los ojos. No necesitan los ojos para ver lo que les rodea.
No ven el color.
Lo son.