añadir un obstáculo puede abrir el paso
La luz ordinaria vibra en todos los planos perpendiculares a su trayectoria al mismo tiempo — es un campo que oscila en todas las orientaciones posibles. Un polarizador no bloquea la luz: la proyecta. Deja pasar únicamente la componente que oscila en su eje, absorbiendo el resto. Al atravesar el primer filtro, la luz pierde la mitad de su energía y sale polarizada en una sola dirección.
Si hay un segundo polarizador girado un ángulo θ respecto al primero, la intensidad transmitida obedece la ley de Malus:
Dos filtros a 90° entre sí bloquean la luz por completo — cos²(90°) = 0. Coloca los filtros en 0° y 90° y compruébalo: la pantalla queda oscura. Ahora activa el filtro intermedio y ponlo en 45°. De repente, algo de luz llega. Insertar un obstáculo ha abierto el paso.
La razón: el primer filtro entrega luz polarizada a 0°. El intermedio a 45° la recibe y proyecta cos²(45°) = ½ de ella, ahora polarizada a 45°. El último a 90° recibe esa y proyecta cos²(45°) = ½ otra vez. La cadena transmite ½ · ½ · ½ = ⅛ de la energía original — donde antes no pasaba nada. Cada proyección sucesiva construye un puente que el salto directo hacía imposible.
El mismo principio gobierna cada píxel de una pantalla LCD. Dos polarizadores cruzados, y entre ellos un cristal líquido que rota la polarización bajo tensión eléctrica. Sin tensión, oscuro. Con tensión, la rotación crea el puente y la luz atraviesa. El mecanismo de todo lo que ves en estas pantallas es una paradoja resuelta en cada píxel, millones de veces por segundo.